Creado por Sir William Crookes en el siglo XIX, este tubo de vidrio sellado, fue utilizado para mostrar la trayectoria de los rayos catódicos. Cuando se aplica una corriente eléctrica al tubo, una mancha de luz fluorescente aparece sobre las paredes sus paredes, debido a la interacción de los electrones con el gas residual del interior. Crookes utilizó un electrodo con forma de cruz maltesa colocado al final del tubo para probar que esta radiación invisible viaja en línea recta.
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En este applet podemos ajustar el voltaje aplicado en el tubo para variar la corriente en su interior. Cuando la intensidad de corriente aumenta, los electrones comienzan a ionizar al gas encerrado en el tubo, ocasionando que comience a brillar con una luz fluorescente azul. Cuando los electrones ionizantres pasan al otro lado de la cruz aparece su sombra al final del tubo.